Terminando Bien - Manteniendo Nuestros Ojos en Jesús
9 min2 Timoteo 4:7
Hebreos 12:1-2
La jubilación puede traer muchos sentimientos. Por un lado, estamos contentos de dejar atrás décadas de trabajo. Por otro lado, podríamos preguntarnos: "¿Quién soy yo ahora que no estoy trabajando?" La buena noticia de la Biblia es que la jubilación no significa detenerse. Significa cambiar la forma en que seguimos a Jesús todos los días. Cuando Pablo dijo: "Ya terminé la carrera", no estaba hablando de un trabajo. Quería decir que viviría para Jesús todo el camino hasta el final.
En la vida, cada uno de nosotros corre una carrera establecida solo para nosotros. Esa carrera incluye decisiones cotidianas como orar, ayudar a los demás y confiar en Dios cuando las cosas se ponen difíciles. Hebreos nos dice que "corramos con paciencia" y que mantengamos nuestros ojos en Jesús, quien comenzó nuestra fe y nos ayuda a terminarla. En palabras más simples, la jubilación no es una línea de meta que termine con nuestro propósito. En cambio, es un nuevo comienzo en el que seguimos a Jesús de diferentes maneras. Imagina a un corredor que finalmente dobla la última curva. La multitud que vitorea está detrás, pero la mirada del corredor está fija en el siguiente escalón. De la misma manera, cuando nuestro antiguo trabajo termina, nuestro enfoque permanece en Jesús. Él nos guía a servirle al guiar a los más jóvenes, orar por nuestro prójimo o usar nuestras habilidades de nuevas maneras. Incluso si nuestra rutina diaria cambia, todavía "corremos" siguiendo a Jesús y compartiendo Su amor.
A veces, la jubilación trae preocupación: "¿Y si me quedo sin dinero?" o "¿Y si nadie me necesita ahora?" Podemos recordar que Jesús conoce cada preocupación y cada necesidad. Filipenses 4:19 dice: "Mi Dios suplirá todo lo que os falta conforme a las riquezas de su gloria en Cristo Jesús". Confiar en Él reemplaza nuestros temores con paz. Cuando oramos cada mañana, pidiéndole a Jesús que guíe nuestro día, Él nos da fuerza para seguir adelante.
"Terminar bien" también significa buscar "fruta" que dure. Envejecer no nos impide cultivar "frutos" como la bondad, la paciencia y la fidelidad. Gálatas 5:22–23 enumera estos frutos del Espíritu. Como jubilados, podemos orar por más amor, gozo y amabilidad, mostrando a las personas que nos rodean que seguir a Jesús mejora la vida a cualquier edad. El retiro nos invita a ser "cartas vivas" que otros pueden leer (2 Corintios 3:2). Cuando los jóvenes nos ven orando, leyendo la Biblia y sirviendo con una sonrisa, aprenden cómo es seguir a Jesús en la vida real.
Podemos contar historias de cómo Dios nos ayudó, momentos en los que nos sentíamos solos, cuando teníamos que confiar en Él para las cuentas o cuando vimos que sucedía la curación. Esas historias animan a otros a seguir corriendo sus propias carreras. En resumen, la jubilación no es el final del servicio, sino una oportunidad para seguir corriendo con resistencia. Nos enfocamos en Jesús, confiamos en Él para nuestras necesidades y damos fruto al mostrar bondad y fidelidad. Al terminar esta temporada, no lo hacemos desvaneciéndonos, sino brillando intensamente para la gloria de Dios.
Reflexión: ¿Cómo te sientes al cambiar de una vida centrada en el trabajo a centrarte en tu fe? ¿De qué maneras puedes mantener tus ojos fijos en Jesús en lugar de preocuparte por la jubilación?
Pasos prácticos: Escribe una forma en que puedas servir a los demás esta semana: orar por un amigo, ayudar en la iglesia o compartir un versículo de las Escrituras. Cada mañana, lee Hebreos 12:2 y pídele a Dios que te ayude a "correr" con perseverancia ese día. Busque a alguien más joven con quien reunirse, tal vez un nieto o un vecino, y comparta una historia de cómo Dios le ha sido fiel.
Oración: Padre Celestial, gracias por guiarme a través de cada etapa de la vida. Al entrar en la jubilación, ayúdame a mantener mis ojos en Jesús. Dame resistencia para correr la nueva carrera que has puesto delante de mí. Muéstrame cómo servir a los demás, confiar en Ti para cada necesidad y dar fruto duradero para Tu reino. En el nombre de Jesús, Amén.